Por un lado, los 45.000 metros cuadrados de su predio, los 1.500 expositores y los más de 3.000 actos, el millón de libros expuestos y el millón de visitantes. Por otro lado, la mirada desconfiada de la mayoría de los escritores -excepto si participan en alguna mesa redonda- y de los lectores consuetudinarios frente a la masividad y la naturaleza del fenómeno.

Lo cierto es que la Feria es básicamente un espacio de exposición que refleja la diversidad de la industria editorial y accesoriamente un ámbito de exhibición y análisis de productos específicamente literarios. Por eso, replicando lo que ocurre en los catálogos editoriales y en las grandes librerías, los libros periodísticos o de autoayuda -y sus creadores- tienen mayor presencia que las novelas o los poemarios.

Las editoriales se ahorran entre un 30% y un 50% que, fuera del ámbito y de los días que dura la Feria, termina en las arcas de las librerías. Constituye, además, una oportunidad para captar la atención de quienes no suelen ingresar nunca a estas últimas ni tener contacto con los libros. También es un lugar apropiado para encontrar títulos que la rotación y el espacio limitado de las librerías suelen desplazar rápidamente.

Lo que suelen valorar los lectores recurrentes es la posibilidad de escuchar a sus autores preferidos. Particularmente a las figuras extranjeras. Las estrellas internacionales de la Feria de este año son los españoles Rosa Montero y Javier Cercas (entrevistados para este número), la colombiana Laura Restrepo y el español Arturo Pérez-Reverte (también serán entrevistados por LA GACETA Literaria en los próximos días), el mexicano Juan Villoro (que escribió el año pasado en este suplemento), el norteamericano John Katzenbach (a quien entrevistamos en 2010) y el poco accesible Premio Nobel sudafricano J.M. Coetzee.

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